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Vitivinícola · vinos de parcela.

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Estrategia de marca, naming, identidad, packaging y sitio web.

Cuando una limitación se convierte en la idea central de una marca

Cuando una limitación se convierte en la idea central de una marca

En el mundo del vino, muchas marcas nacen alrededor de un nombre propio. El prestigio del enólogo, la historia de una familia o el legado de un apellido suelen ser el punto de partida para construir identidad.

Este proyecto empezó exactamente al revés.

El creador de estos vinos es una figura muy relevante dentro de la industria vitivinícola. Sin embargo, por cuestiones contractuales, no podía utilizar su nombre en este nuevo proyecto.

Lo que para muchos podría haber sido un obstáculo, para nosotros fue una oportunidad para hacer una pregunta más interesante:

Si no podemos construir la marca desde el nombre, ¿desde dónde la construimos?

La respuesta apareció rápidamente. No desde quién es, sino desde cómo piensa el vino.

Observar antes de intervenir

Hay enólogos que buscan imponer una idea sobre el viñedo. Otros, en cambio, trabajan desde una lógica más silenciosa: observar, interpretar y acompañar.

El creador de estos vinos pertenece claramente a ese segundo grupo.

Su forma de trabajar parte de una premisa muy simple: cada lugar tiene una identidad propia. Cada suelo, cada microclima, cada parcela tiene una voz distinta. El trabajo del viticultor no es silenciar esa voz, sino entenderla.

Observar los ciclos. Respetar los tiempos. Estudiar cada particularidad del suelo y del entorno. Y desde ahí diseñar el vino.

Esa mirada fue la verdadera base conceptual del proyecto.

Cultor

Así nació el nombre.

Cultor no habla de protagonismo ni de autoría. Habla de oficio.

Un cultor es quien cultiva, quien cuida, quien dedica tiempo y atención a algo. Alguien que trabaja con paciencia, con respeto y con sensibilidad hacia lo que la naturaleza tiene para decir.

El nombre resume perfectamente esa actitud. No pone al enólogo en el centro. Pone en el centro el acto de cultivar.

Identidad

La armonía como lenguaje visual

A partir de esa idea conceptual empezamos a buscar una forma de traducirla visualmente. La respuesta apareció en un principio que atraviesa muchas de las formas más armónicas de la naturaleza: la proporción áurea.

Esta relación matemática está presente en múltiples estructuras naturales, desde la disposición de las hojas en una planta hasta la forma de ciertas conchas marinas. Tomamos esa lógica para diseñar la letra C de Cultor y estructurar toda la identidad visual.

No se trataba de un gesto estético gratuito. Era una manera de expresar visualmente la misma idea que guía la filosofía del vino: observar la naturaleza y aprender de sus formas.

Filosofía de marca

Observar la naturaleza y aprender de sus formas.

Una colección de lugares

Cultor no es un solo vino. Es una colección de interpretaciones de lugar.

El proyecto está compuesto por seis etiquetas, cada una vinculada a un origen particular y a una lectura específica del territorio. Cada vino tiene su propia submarca, profundamente conectada con el carácter del lugar del que nace.

Cada uno de estos nombres funciona como una puerta de entrada al paisaje que lo inspira

Packaging

La etiqueta como cuaderno de campo

Uno de los elementos más singulares del proyecto es el rol que juega la etiqueta. En lugar de limitarse a presentar la marca, cada etiqueta funciona casi como un registro de observación.

Las ilustraciones remiten a dibujos botánicos y estudios de campo. Aparecen elementos del entorno, referencias al suelo y a las condiciones del lugar, y las particularidades que definen cada vino.

Las contraetiquetas cambian según el suelo del que provienen las uvas, reforzando la idea de que cada botella es el resultado de una lectura específica del territorio. El diseño no busca decorar el vino: busca explicar su origen.

No quería una marca que hablara de mí, sino del lugar. Argency entendió eso antes que nadie.

Enólogo de Cultor

Diseñamos identidades que nacen desde la esencia